EL SOLDADITO DEL SIGLO XXI: Aquel no era yo
§ Esteban Crespo
nos brinda una pieza cargada de realidad en dosis extremas, aterradora, pero
necesaria.
Título original : Aquel no era
yo
Año: 2012
Duración: 25 min.
aprox.
País: España
Guión: Esteban
Crespo
Música: Juan de Dios
Marfil
Foto: Angel Amorós
Reparto: Alejandra Lorente, Gustavo Salmerón, Babou Cham, Mariano Nguema, Alito Rodgers, Jose María
Chumo, Alex Ferando, Khalil Diop
Productora: Producciones
Africanauan S.L.
Con motivo de la 85 edición de los Oscar, acudí el pasado
sábado a una proyección de los cortos del director español Esteban Crespo, uno
de los nominados al mejor cortometraje de ficción en estos premios por su corto
Aquel no era yo, y ya el título
resulta el preludio a unos veinticuatro minutos cargados de emoción. Real.
Brutal. Con Aquel no era yo el cine
una vez más nos regala una de esas obras de arte que hablan directamente
al alma del espectador sobre una de las
realidades más cruentas y terribles que el ser humano ha engendrado en el siglo
XXI: los niños soldado. El filme de Esteban Crespo resulta devastador, y es
capaz de hacer vibrar al espectador en menos de media hora. En unos escasos
veinticinco minutos el director logra la misma potencia para su mensaje y su
historia que con un largometraje, y es que quien piense que el cine se limita
al largometraje de carácter comercial se encuentra frente a un grave error. En
esta breve pieza nos encontramos con la historia de unos voluntarios sanitarios
en África que viven en primera persona el infierno al que se ven sometidos
estos niños y las consecuencias. Sin duda, hablar de este corto obliga a
reflexionar acerca de la humanidad, dela infancia… “Dispara ya” dos palabras a
las que, tras este corto tan especial, el espectador empezara a dotar de una
carga emotiva que va mucho más allá de lo simple de apretar un gatillo. Y no
solo esto, también otras cosas aparentemente sencillas, como un cormo de fútbol
de Ronaldo, la figura de un padre... adquieren aquí un nuevo contenido. Y es
que el corto de Esteban Crespo logra mostrar el punto muerto que la sociedad no
ve sobre estos términos, nos transporta a una realidad dantesca. Una fotografía
y una música más que acertadas acompañan a la breve historia, terminando así de
conseguir un producto que, a parte de su poder moralizante y descubridor de una
verdad, es también arte, aunque en este caso nos haga descender hasta los
infiernos de nuestra realidad.
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