jueves, 1 de mayo de 2014

LYP10: RESEÑA CINEMATOGRÁFICA

EL SOLDADITO DEL SIGLO XXI: Aquel no era yo

§  Esteban Crespo nos brinda una pieza cargada de realidad en dosis extremas, aterradora, pero necesaria.

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Título original : Aquel no era yo
Año: 2012
Duración: 25 min. aprox.
País: España
Director: Esteban Crespo
Guión: Esteban Crespo
Música: Juan de Dios Marfil
Foto: Angel Amorós
Productora: Producciones Africanauan S.L.


Con motivo de la 85 edición de los Oscar, acudí el pasado sábado a una proyección de los cortos del director español Esteban Crespo, uno de los nominados al mejor cortometraje de ficción en estos premios por su corto Aquel no era yo, y ya el título resulta el preludio a unos veinticuatro minutos cargados de emoción. Real. Brutal. Con Aquel no era yo el cine una vez más nos regala una de esas obras de arte que hablan directamente al  alma del espectador sobre una de las realidades más cruentas y terribles que el ser humano ha engendrado en el siglo XXI: los niños soldado. El filme de Esteban Crespo resulta devastador, y es capaz de hacer vibrar al espectador en menos de media hora. En unos escasos veinticinco minutos el director logra la misma potencia para su mensaje y su historia que con un largometraje, y es que quien piense que el cine se limita al largometraje de carácter comercial se encuentra frente a un grave error. En esta breve pieza nos encontramos con la historia de unos voluntarios sanitarios en África que viven en primera persona el infierno al que se ven sometidos estos niños y las consecuencias. Sin duda, hablar de este corto obliga a reflexionar acerca de la humanidad, dela infancia… “Dispara ya” dos palabras a las que, tras este corto tan especial, el espectador empezara a dotar de una carga emotiva que va mucho más allá de lo simple de apretar un gatillo. Y no solo esto, también otras cosas aparentemente sencillas, como un cormo de fútbol de Ronaldo, la figura de un padre... adquieren aquí un nuevo contenido. Y es que el corto de Esteban Crespo logra mostrar el punto muerto que la sociedad no ve sobre estos términos, nos transporta a una realidad dantesca. Una fotografía y una música más que acertadas acompañan a la breve historia, terminando así de conseguir un producto que, a parte de su poder moralizante y descubridor de una verdad, es también arte, aunque en este caso nos haga descender hasta los infiernos de nuestra realidad.


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